Opinión

José Luis Jacobo

  • José Luis Jacobo

    Operaciones

    Es obvio hasta para el más distraído de los ciudadanos que la puja política por el 2007 ya comenzó. En nuestra ciudad, en particular, la búsqueda de consenso es frenética: se denuncia hasta lo inexistente, por caso, “superpoderes”. 

Ésa y no otra fue la expresión que usó el presidente del bloque deliberativo de Acción Marplatense, Marcelo Artime, para denunciar, según sus palabras, situaciones de abuso por parte del Ejecutivo comunal en materia de habilitaciones de obra que excederían los limites fijados por el Código de Ordenamiento Territorial.
Un paper que circula entre funcionarios de la comuna sostiene que, lejos de usar poderes especiales o abusar de la reglamentación, la relación porcentual de aquello que podría estar al límite de lo permitido luego de las reformas que por ordenanza permitieron un 30% de incremento en el uso de suelo, no superaría el 2,65% del total de los más de 2.915 expedientes por uso de suelo que se certificaron en el municipio en el presente año.
Entonces se impone cierta pregunta: ¿a qué tanto barullo? Respuesta: al capricho, una vez más, de profesionales asociados a Aldrey Iglesias por ser considerados los únicos que pueden permitirse determinados emprendimientos.
Veamos. El ex concejal Juan Guiñazú representa a vecinos de la calle Matheu casi la costa que están enardecidos por el inicio de obras en Matheu 58. En su opinión, la obra perjudica la vista al mar. Pero Guiñazú no representa sólo a estos vecinos y su preocupación. También se ha presentado recientemente ante el COMFER solicitando pliegos de una estación de AM a licitarse en nuestra ciudad, habiendo revelado ante las autoridades del área que lo hacía en nombre de Florencio Aldrey Iglesias.
Ahora bien, volvamos a la obra que les quita el sueño a los vecinos de Matheu y la costa. Curiosamente, a metros de allí y por el mismo boulevard marítimo,  sin oposición de nadie, se construye otro edificio en propiedad horizontal, cuyo arquitecto, Carlos Mariani, no encuentra obstrucciones ni objeciones por parte del vecindario.
¿Por qué? Porque el tema, en realidad, gira en torno de dos objetivos: sumar votos destruyendo la credibilidad del oponente, y hacer ruido ante cualquier proyecto económico que signifique emprender sin pasar a dejar el diezmo por Champagnat y Alberti. Los mentados superpoderes no existen, sólo hay una patraña, otra más que busca confundir a la población en tanto se cierran negocios para un grupo de personas en absoluta impunidad.
Si bien los vecinos del edificio de Matheu 58 se enojan de verdad pues pierden un tesoro preciado, la vista al mar, y es comprensible, lamentablemente su genuino enojo está siendo usado para dos cuestiones: parar o bien demorar la obra en cuestión en un momento en que se ha ralentizado la venta de apartamentos de alto precio y supuesto alto nivel de construcción frente a la costa.
La entente, Aldrey/Guiñazú (empleado de Aldrey, abogado de los vecinos de Matheu y la costa)/presentación de Acción Marplatense, que espera parar las construcciones bajo expediente de excepción, es obvia de toda obviedad: desea eliminar la competencia de oferta en pisos frente a la costa, hoy por hoy uno de los negocios inmobiliarios más suculentos de la ciudad.
El esquema es el mismo que en los años del Proceso, pero el método difiere. Ya no secuestran empresarios y los torturan para que cedan sus negocios, sino que los extorsionan usando la política y los medios al servicio de un interés espurio.
¿Superpoderes? Si los hay en Mar del Plata, no habitan precisamente en Luro e Hipólito Yrigoyen.  

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Martes, 07 de Febrero de 2012
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Opinión por José Luis Jacobo

Repugnante

Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.

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