Ésta es una de esas historias que en líneas generales en los ámbitos de la política o los medios todos dicen “¿y para qué lo vas a contar?”; o “dejá, total no existen”. Creo que uno se debe a lo que pregona: si decimos que estamos para romper el cerco informativo, es un detalle de mal gusto crear otro cerco igual.
Dicho lo cual, aquí va la historia. Semanas atrás, el concejal Eduardo Salas se dio a la tarea de promocionar su admiración por el intendente Daniel Katz, anunciando que a él no le incomodaría participar de una lista encabezada por Katz, y que si bien muchos amigos suyos (de Salas) le piden que sea candidato a Intendente, él no está con ánimo para tal empresa.
La atropellada de “Tuqui" para encontrar a los empujones un lugar en una hipotética futura lista me resultó tan fuera de lugar, tan absurda, que inmediatamente comencé a elaborar teorías que pudieran dar algún sentido a semejante boutade. Descartadas las drogas duras —Salas jura haberse hecho una rinoscopía, y se enoja ante la sola mención de las investigaciones que recaían sobre la bailanta que regenteaba su privadísimo secretario—, argüí que aquí había algo raro y me pregunté: este muchacho, ¿fumará picadura de perejil? Porque nadie en sus cabales puede, con la horrible perfomance que Salas tiene como concejal, creer o querer hacer creer que puede aspirar a algo más en la política de la ciudad.
Hasta aquí esta historia. Ahora viene lo verdaderamente increíble. Partido de fútbol de Aldosivi jugado en el Estadio Mundialista, presente toda la colonia política de la ciudad, incluidos senadores provinciales. Ingresa Salas acompañado de sus dos fieles secretarios, y arremete el curul peronista hacia un amigo mío que también estaba allí para ver el encuentro. Mi amigo —permítaseme preservar su nombre— fue abordado a borbotones de palabras con este discurso: “Che, vos me tenés que ayudar", dice Tuqui. “¿A qué?", replica mi amigo. “Mirá —vuelve al ataque Salas—, Jacobo es hombre tuyo, le tenés que decir que la pare conmigo". Mi amigo le soltó un desprejuiciado “¿Tengo pinta de p---o yo, para que vos me digas que tengo un hombre?". Tuqui, que no es el más valiente de la cuadra, reculó sin las ojotas, sin saber cómo excusarse, y comenzó un largo soliloquio sobre lo que, en su opinión, significa “ser de alguien".
La charla no fue amena, pero recibió una seria explicación al respecto de algo que Salas ignora, que es el valor de la amistad: “mirá Salas —le explicó mi amigo—, ni él es hombre mío, ni yo de él. Ambos nos respetamos, así que andá a buscar ayuda por otro lado, porque por acá vas muy mal". Tuqui apartó a los hijos —pobrecitos— para concluir con su pedido de ayuda: “¿Y qué querés que haga? Ya no sé cómo explicarles a mis hijos qué es eso de fumar perejil...".
Es obvio que Salas no comprende determinadas cosas porque nunca las vivió. Confunde amistad con “ser punto de alguien". No sabe de lealtades: la amistad es, esencialmente, una cuestión de lealtad. Salas militó en Guardia de Hierro; fue parte de la movida cavallista-menemista en Mar del Plata; su concejalía costó un millón de dólares; al día siguiente de que estuvo asegurado su lugar en la lista del PJ, traicionó a quien lo llevó a la política, Fernando Gutiérrez. Luego se trepó al garivotismo, para llegar a decir que Juan Garivoto era el mejor dirigente político de la ciudad y que aquí no se lo comprendía. En el último año se dedicó a mendigar un lugar en los actos del kirchnerismo, y ahora sale con la admiración al intendente Daniel Katz.
Es entendible que una persona tan “versátil" pueda pensar que soy “de alguien". Que todo se compra y se vende. Que todo se negocia. El pobre desconoce el valor de la palabra dada a un amigo, la responsabilidad que eso genera y también la libertad que trae. Por eso siempre necesita de un patrón, “ser de alguien", y tiende a mirar el mundo por ese prisma.
Pero no: algunos sabemos de coherencia, de amistad, de fidelidad. No hay nada que explicarles a nuestros hijos tampoco, porque no fumamos nada de nada. Ni siquiera perejil.
Martes, 07 de Febrero de 2012
Mar del Plata, Buenos Aires - Argentina
La Noche de la 99.9
De 21:00 a 24:00 hs.
Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.