Opinión

José Luis Jacobo

  • José Luis Jacobo

    Conspiraciones

    Está claro que la cuestión de las falsas alarmas de bomba en colegios públicos de la ciudad ya pasó hace rato de una travesura colegial por la pedestre razón de esquivar un examen o hacer la pasota en la calle entre tontas risas de picardía.


El intendente del Partido de la Costa, Juan de Jesús, cuyas escuelas sufren el mismo flagelo, fue directo: “es el SUTEBA" lanzó, sin diplomacia. En nuestra ciudad, Marcos Tussar, ex consejero escolar depuesto en la movida que catapultó a la ex senadora provincial Nora Estrada a la intervención del distrito escolar de General Pueyrredon, también abona la idea de las responsabilidades del SUTEBA en esta incómoda historia.
Tussar ha señalado, concretamente, que el silencio de Raúl Calamante sobre las amenazas falsas es por lo menos llamativo. Y no es un dato menor: Calamante se mueve siempre por la fuerza. Desde un discurso que dice querer lo mejor para los educandos, en la realidad nada contribuye más a instalar un mundo de distancia entre la educación que recibe un niño - joven en la escuela pública y la privada que la acción constante del gremio generando conflictos casi sin solución de continuidad.
En un escenario político confuso, con el gobernador Felipe Solá buscando su reelección, no existiendo señales claras desde la Presidencia de la Nación al respecto de esta pretensión, las amenazas de bomba, la distracción de la fuerzas de seguridad en esta encomienda inútil, generan exactamente el caldo de cultivo en el que mejor se mueven Calamante y los suyos, que es la agitación permanente.
La fuerza policial está agotada. El cuerpo de explosivos ha batido todos los registros de salidas, y el esfuerzo que se destina en cada caso de amenaza provocó ya la destrucción de un vehículo y las recomendaciones de las autoridades policiales caen en saco roto, objetadas por el mismísimo Calamante.
Hasta que Tussar llamó la atención sobre Calamante, el gremialista del SUTEBA-CTA se había mantenido en un mutismo llamativo en relación a las amenazas de bomba en los colegios públicos del distrito. Señalado como obsesionado por manejar el área de Infraestructura del Consejo Escolar —es que allí está la caja—, Calamante salió como el tero a denunciar que “acá hay otra cosa", no sólo chicos traviesos. Para el ciudadano atento, tarde piaste.
Hasta aquí ha fracasado todo. Por más que los fiscales insistan en que han determinado desde qué celulares se han hecho los llamados; por más que se indique que desde un solo teléfono se comprobaron 52 llamadas en dos semanas, está claro que la oleada no para. Y no lo hace porque esto no se trata de una travesura, sino que se encuentra inscripto en el contexto de la disputa política que llevan dirigentes gremiales como Calamante, que tienen una metodología violenta y actúan de esa manera, a veces brutalmente violentos como lo hacía Barragán, de ATE, y en otras ocasiones soterradamente, como ocurre hoy. ¿O no es extraño que al día siguiente que asumió Nora Estrada se terminaran las repercusiones mediáticas por la falta de calefacción en los colegios? ¿Y que inmediatamente comenzaran los llamados anónimos?
Entre una situación y otra, en General Pueyrredon la falta de días de clase es agobiante, y esto repercute inmediatamente en la calidad de la enseñanza que reciben los alumnos. ¿Cuál es la utilidad? El fracaso escolar en esta comunidad vende muy bien en tapa de todos los diarios del país. Hay mucho en juego cuando la educación no es una vocación, cuando no es parte del compromiso democrático y sí un gigantesco negocio para el bolsillo de unos pocos que, además, llevan sus hijos a colegios privados.

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Martes, 07 de Febrero de 2012
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Opinión por José Luis Jacobo

Repugnante

Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.

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