Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.
Con el tiempo aprendió. Se financió con el erario público, no con el salario de concejal, que claro está, ciertamente le correspondía por ley. Ya en tiempos recientes, sus colaboradores más directos (Alveolite/Bonifatti) fueron sorprendidos en el cajero Bapro de la sucursal de El Gaucho llevándose una parva de dinero de módulos correspondientes a los colaboradores de AM. Aquella situación fue disimulada mediáticamente: el diario La Capital nunca publicó una línea al respecto, el fiscal general Fabián Uriel Fernández Garello, consultado, aconsejó no dar largas al asunto y no formar causa (“son cosas de la política”). De ahí a sentir impunidad… ¡piedra libre!
Pulti y su esposa Lucila Branderis se llevan, sólo en salarios públicos, una significativa cifra anual. Según reveló el dirigente Alberto Mayo, creador y presidente de la Asamblea Ambiental Marplatense, el concejal vecinalista Javier Woollands le entrega a Pulti, vía su esposa, el valor de nueve (9) módulos de los 16 a los que tiene derecho cada concejal. Esta revelación, consentida por el silencio de Woollands y el resto del bloque de AM, indica claramente que a los bolsillos de GAP se van por mes unos $16.200 por cada concejal, que multiplicado por 13 que integran la bancada, da un total de $210.600 por mes, que al cabo de doce meses al año, resultan unos $2.527.200. La cifra, a cuatro años, asciende a la friolera de $10.108.800. Sólo en un período, y sin pagar ganancias: todo al bolso y bien en negro.
En tanto, la comunidad se debate en ausencia de una conducción efectiva de los asuntos comunitarios. La anarquía reina. Donato Cirone resolvió por sí mismo por dónde ingresan los taxis a la nueva terminal; los empresarios del transporte se pelean a denuncias por el recorrido de la costa; en el HIGA no hay aire acondicionado en los quirófanos, y las mangueras contra incendio faltan hace años. La basura inunda Mar del Plata, se han relevado 260 basureros clandestinos, y el basural arde ad infinitum. De broche, Vilma Baragiola denuncia que la Provincia coloca carteles inmensos por su propio accionar sin consultar ni pedir permiso. Sencillamente repugnante.
Martes, 22 de Mayo de 2012
Mar del Plata, Buenos Aires - Argentina
Nada es perfecto
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Catorce gremios conforman el entramado que articula la actividad de la pesca en Mar del Plata. Actúan como entes del Estado SENASA, AFIP (Aduana/DGI), OPDS, el organismo de control ambiental de la provincia de Buenos Aires, y obviamente Prefectura Naval Argentina. Si se trata de las plantas de procesamiento, la comuna de Gral. Pueyrredon también articula un damero de actores para efectuar controles. Los millones que genera la pesca derraman de manera radial en esta comunidad, y es una de las actividades de mano de obra intensiva más importantes de este conglomerado urbano.