En este mismo espacio en la edición anterior, di una serie de datos que hablan de cómo la falta de cumplimiento a las normas de tránsito matan. En la ocasión voy a señalar cómo es que esta situación sólo tenderá a agravarse si el actual estado de anomia en el que la sociedad toda se mueve a un ritmo infernal continúa.
Recordemos que el episodio ocurrido en Av. Independencia y 11 de septiembre significaron la muerte de un bebé de siete meses en el vientre materno; que el aparente principal responsable, Mauro Marhones, está prófugo, y nada sabemos sobre el estado de Cecilia Mabel Calvo, la mujer que perdió a su hijo.
Es sabido que es un deporte en la ciudad el pasar semáforos en rojo y correr picadas casi por cualquier lugar a cualquier hora, y muy especialmente de madrugada, la hora de la anomia por definición.
Según me ha señalado un capitán de la Policía de la Provincia, la fuerza no hace operativos de tránsito porque no posee grúas, y la municipalidad, que sí tiene vehículos para acarreo, no dispone de servicio en horario nocturno. Notable excusa. Si bien es real que la fuerza policial bonaerense no posee grúas, no es menos cierto que no es la única manera de resolver el secuestro de automotores detenidos en infracción, particularmente de aquellos que estén corriendo picadas.
Veamos. En el llamado camino viejo a Miramar suelen reunirse de madrugada entre veinte y cincuenta vehículos para correr, y lo hacen por dinero. Hay apuestas muy altas, no se compite por moneditas. ¿Cuál es el inconveniente, al detectar la infracción, de detener los vehículos y dejarlos en secuestro a la vera de la ruta con custodia policial? Podría utilizarse para tal cometido al personal de Infantería, que en ese horario, salvo casos excepcionales, debe estar cabeceando un sueño entre la guardia y alguna extra que hará al día siguiente. Entonces, suena a cuento, incompetencia o lisa y llana corruptela que se afirme que al no estar las grúas municipales en horario nocturno no se pueden hacer secuestros.
Por el lado de las autoridades municipales, no es mejor la cuestión. Dos funcionarios de alta responsabilidad me confiaron que les resulta casi imposible manejar la cuestión: falta de personal, de presupuesto para horas extras, y además, no sin resignación sostienen que no pueden confiar en el personal de Tránsito, porque en las oportunidades en que se intentó llevar a cabo algún operativo, al llegar al lugar en el que presuntamente se realizaban las picadas no había nadie.
La calle es territorio salvaje, la muerte esta ahí. ¿El hijo de quién hace falta que muera para que alguien con poder reaccione de una buena vez? ¿Es necesario que la muerte todo lo cubra para accionar?
No se trata de legislar, porque las leyes están, sino de aplicarlas. O peor aún, ya que toda esta anomia da lugar al lucrativo negocio de los juicios contra compañías de seguro, una industria que conecta a socios de actividades diversas en los nosocomios públicos con los tribunales y con estudios de abogados que se llenan los bolsillos con el estrago de la vida de tantos inocentes.
Las propias compañías de seguro no reaccionan debidamente. Tienen una batería de hechos para coaccionar al poder político a que tome cartas en el asunto y no lo hacen; se desgastan en reuniones interminables quejándose de la autoridad política, judicial y policial, sin decidir un curso de acción que permita hacer sentir al poder que hay deberes objetivos sin cumplir.
Martes, 07 de Febrero de 2012
Mar del Plata, Buenos Aires - Argentina
La Noche de la 99.9
De 21:00 a 24:00 hs.
Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.