Opinión

José Luis Jacobo

  • José Luis Jacobo

    Cuestiones esenciales

    En estas jornadas, el debate sobre si la educación es o no un servicio público esencial ha ocupado un discreto lugar en los medios. Demasiado discreto para la magnitud del desafío y el problema que representa para la sociedad en su conjunto. En la discusión hay dos bandos: el Gobierno de la provincia de Buenos Aires por un lado, que sostiene que la educación es un bien esencial, y el SUTEBA por el otro, que afirma lo contrario. ¿El motivo de la controversia?: la inclusión o no del servicio educativo en la nueva Ley que debe reglamentar el régimen de huelgas para el sector público en la Provincia.

Pero el gremio no está solo; lo acompaña el bloque de senadores radicales. Su presidente, el marplatense Jesús Porrúa, apoya la sanción de la ley incluyendo el régimen para los servicios esenciales, si se excluyera la educación de dicho grupo. Quizá parezca obvio y se haga redundante el decirlo, pero lo cierto es que el senador Porrúa no envía a sus hijos a una escuela pública, y sabido es que en los colegios privados los docentes no paran.
Este introito viene a cuenta de un debate que se está desarrollando en torno a la disponibilidad de un terreno, en pleno Barrio Zacagnini, para la construcción de la Escuela de Enseñanza Media Nº 15. La cuestión fue públicamente puesta de relieve por el diario “El Atlántico" bajo el título “La construcción del edificio de la Escuela Media 15 corre peligro por una plaza en honor a Diego Maradona". El artículo citaba una serie de cuestiones administrativas y luego se lanzaba sobre una serie de aspectos que merecen un detallado análisis.
Primero, se pone en boca del vicedirector de la escuela, Juan Raschetti, el hacer conocer a la ciudadanía que el terreno en el que finalmente se podría llegar a construir el edificio del establecimiento está afectado por una ordenanza que dedica dicho predio a una plaza en homenaje a Diego Maradona, y que el proyecto es de autoría del concejal Jorge Salvador (UCR-Frente), accediendo de ese modo a una solicitud de la “Iglesia maradoniana". Consignado de ese modo, además de una herejía, es un mamarracho y una tilinguería.
El diario no aduce otra fuente para la especie que no sea Raschetti. No obstante, horas más tarde comenzó a aclararse el escenario. El propio Salvador se ocupó de establecer los hechos: el trámite cumplió con todos los pasos formales a solicitud de la asociación vecinal Barrio Marista, presidido por Liliana Pinto.
Reconoce Salvador que en el universo formal la representación está en manos de la sociedad de fomento del barrio Zacagnini, aunque también concede que en la cotidianeidad los vecinos se manejan de otra forma, siguiendo su propio impulso y necesidades. De allí la solicitud para transformar el predio ubicado entre las calles Roldán, Mansilla y Anchorena en plaza, sin conocimiento de las autoridades de la sociedad de fomento, que en nada participó, para bien o mal, de esta situación.
Pero no termina ahí el asunto. Raschetti afirma que el arquitecto Jorge González, responsable del área de Obras Públicas y Privadas de la comuna, desalentó la utilización de un terreno de dominio fiscal para construir el edificio de la Media 15  en el barrio El Grosellar por la oposición de los vecinos. González no ha dicho “esta boca es mía", así que poco se puede inferir de cierto sobre cómo se arribó a esta situación que pone a la educación pública en entredicho.
No es menos grave el intento de aprovechamiento que el edil Gustavo Arnaldo Pulti ha hecho de este tema. La publicación de El Atlántico tiene una fuente obvia: Pulti, que mezcló todo buscando una vez más el desgaste de la administración. Como si hiciera falta. Además, es una falta de respeto a los que han buscado tener una plaza con legítimo derecho, y a quienes necesitan un espacio público disponible para el edificio propio de una escuela que vive de prestado desde 1989.  
Lo que va quedando evidenciado es que, más allá de los discursos de ocasión, la educación está como está porque nadie termina de entender que es un bien esencial.

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Jueves, 09 de Septiembre de 2010
Mar del Plata, Buenos Aires - Argentina

Opinión por José Luis Jacobo

Ni pío

La desfachatez con la que la clase dirigente se presenta ante la sociedad merecería un estudio sociológico profundo. Quienes nos representan, ¿son una proyección fiel de la sociedad? ¿O son una muestra esperpéntica del conjunto, que, merced a su falta de escrúpulos, puede actuar como lo que no es, la sociedad misma? Difícil pregunta, de compleja respuesta. Porque no es dable creer que Horacio Tettamanti, dueño de Servicios Portuarios Integrales (SPI), o Eduardo Tomás Pezzati, presidente del consorcio portuario y de todo consorcio o ente que haga falta para dar trasiego al dinero público, representen a la sociedad marplatense. Menos aún su jefe político Gustavo Arnaldo Pulti.

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