Opinión

José Luis Jacobo

  • José Luis Jacobo

    Absurda negación

    El martes 2 de mayo, en el buzón de la radio, entre gran cantidad de correspondencia hallé un papel tamaño oficio en el que en letras de gran tamaño se leía: “Ante los continuos robos sufridos (con los de los días 10 y 29 de abril, van 162), en repudio a los mismos y a los continuos robos que asolan el barrio, en especial a personas mayores, que son golpeadas salvajemente, y ante la impunidad ejercida por las autoridades, cerramos la vinería hasta el miércoles 3 de mayo de 2006”. Textual.

Firmaba la desesperada misiva Manuel Rodríguez, y dejaba sus teléfonos. Tan desesperada como para que cambiáramos la rutina del programa de radio del día y me contactara con Manuel para escucharlo exponer su calvario.
Que lo era, el calvario. Rodríguez relató, en medio de un estado emocional comprometido, cómo una banda de delincuentes que se refugia en la villa de Vértiz le robó en dos ocasiones, cómo lo han amenazado de muerte y cómo es que la causa no prospera por la inacción oficial.
Según el testimonio de Rodríguez, el 3 de mayo, alrededor de las 10 de la mañana, y cuando el único que se había hecho eco de su clamor fue este periodista desde la emisora 99.9, recibió una llamada desde la Fiscalía General diciéndole que no ubicaban su denuncia y se lo invitaba a ir hasta tribunales.
A esta situación le siguió una blitz mediática del fiscal general Fabián Uriel Fernández Garello, quien recorrió los medios de la prensa adicta de la ciudad diciendo que él, formalmente, no conocía el caso, y que recomendaba no tomar la actitud de actuar como lo estaba haciendo Rodríguez porque “podía ser peligroso".
¿Qué es peligroso? A Rodríguez lo asaltaron 162 veces, lo amenazan de muerte, la bandita que asuela el barrio asalta, pega, roba y nadie hace nada —en este caso el fiscal David Bruna, según cita el vecino de Rosales al 5800—. ¿Qué es peligroso? ¿Llamar a este periodista para reclamar que los poderes del Estado funcionen; que los dirigidos por Fernández Garello hagan su trabajo como corresponde; que asuman que ser fiscal es un servicio público que requiere de dedicación, conocimiento y respeto al prójimo? ¿Eso es? Si los ciudadanos no recurren a otros medios es porque ya se dieron cuenta cómo funcionan las cosas en Mar del Plata. ¿Será ése el peligro? ¿Que por fin quede al descubierto lo que está ocurriendo en el servicio de justicia de la ciudad?
Es lamentable que la mayor preocupación del fiscal general sea rebatir lo que se dice en la 99.9. Su trabajo debe consistir en dirigir la política criminal en el distrito: no puede argüir que no está “formalmente notificado" de hechos que ya habían tomado estado público. Para mí está claro que no tiene la capacidad, el conocimiento, ni la dedicación que sería propia del cargo.
En fecha próxima comenzarán a revelarse una serie de acontecimientos hasta ahora guardados bajo siete llaves, que marcarán el principio del fin de la historia de Fabián Uriel Fernández Garello como fiscal general, un cargo que nunca debió ocupar de no ser por las relaciones políticas que el ex subcomisario supo trenzar con Julio Pettigiani y el ex gobernador Eduardo Duhalde. Los hechos y nada más darán fin a su absurda negación.

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Martes, 07 de Febrero de 2012
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Opinión por José Luis Jacobo

Repugnante

Siempre le gustó la plata, siempre necesitó la plata. Podrá decirse, ¿y quién no? Gustavo Arnaldo Pulti ha corrido tras el dinero como cualquiera; la cuestión aquí es lo que hace para obtenerlo.
En su juventud, recién llegado de Dolores, se apoderaba de los cospeles de teléfonos públicos. Ya algo mayorcito, participó en la componenda del estacionamiento medido, aquella saga malhadada que marcó a fuego la administración de Mario Roberto Russak. De ambas salió indemne: en el caso de los cospeles, porque en un ingeniosa maniobra del hoy ministro de la Corte Julio Pettigiani lo pasó, de ladrón de cospeles, a apropiador de objetos romos que aún no eran parte de la colecta pública.

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